Prótesis médicas y prototipos lideran la irrupción de la impresión 3D en Chile

Aunque incipiente en el país, esta tecnología comienza a consolidarse principalmente de la mano de las universidades, que cuentan con centros de impresión tridimensional.


Hace un par de semanas, Adidas anunció que algunas partes de sus nuevos modelos de zapatillas se imprimirán con tecnología 3D, mientras, algunas semanas, Boeing había acordado comenzar a imprimir algunas partes de sus aviones usando la misma tecnología.

Si bien Chile va varios pasos atrás en esta carrera, poco a poco se comienza a darle forma a la industria. Camilo Rodríguez, director de Innovación y Desarrollo de la Facultad de Ingeniería de la UDD, cuenta que el boom comenzó hace unos cinco años y que el primer negocio que se generó fue el de los servicios de impresión propiamente tal. Los principales usuarios eran arquitectos, diseñadores o publicistas que necesitaban maquetas o piezas únicas. Desde ahí, la tendencia se ha ido masificando, de la mano de nuevas y más sofisticadas impresoras, a otras áreas como la educación y la salud. “Pese a que en Chile su adopción fue tardía, estamos en un escenario en el que todas las personas que tuvieron un rol en los inicios ahora le está dando una vuelta a la industria y ya se están generando empresas que son un poco más complejas y están diversificando su modelo”.

De hecho, tanto ha evolucionado el sector, que hoy existen proyectos que trabajan en la creación de impresoras fabricadas localmente y que ya no usan polímero (plástico), sino que metal para imprimir. “En el caso de la UDD, tenemos dos áreas de desarrollo. La primera, es el uso de la impresión 3D en materiales distintos; la usamos mucho en prototipos de dispositivos electrónicos, en sondas para medir humedad, contaminación, etc.”, agrega Camilo Rodríguez, quien explica que en esa casa de estudios se ha puesto como obligación curricular que todos los alumnos que ingresan a ingeniería tengan que aprender a construir una impresora 3D.

¿Producción masiva?

En el FabLab UC también están experimentando con esta tecnología. Álvaro Meneses, coordinador de la entidad, cuenta que, en general, en Chile se trabaja con impresoras más bien básicas, cuyos precios oscilan entre los $500 mil y los $4,5 millones, mientras que en el mundo se pueden encontrar dispositivos más sofisticados que pueden alcanzar perfectamente los $500 millones. “Operar una impresora 3D es caro y el costo se justifica cuando tienes bajos volúmenes. Si quieres hacer una pieza, un mouse por ejemplo, te puede costar $500 mil, considerando el diseño y la impresión. Si ese mouse lo quisieras hacer en masa, no podrías, porque sería muy costoso”, explica Meneses. Asimismo, agrega que en industrias en las que las cantidades de unidades son bajas, es conveniente usar impresión 3D. “Resulta lógico que, por ejemplo, Boeing esté haciendo partes de sus aviones con impresoras 3D de metal, porque son pocas al año”, precisa.

Teniendo eso como referencia, Meneses explica que en Chile los principales usuarios de la tecnología de impresión 3D son los investigadores o personas que están desarrollando proyectos que requieren prototipos. “Estas herramientas permiten que cualquier desarrollador pueda ver sus modelos realizados en horas, algo que antes le tomaba semanas”, enfatiza el académico y agrega que compañías como Carozzi y CCU están usando estas tecnologías en el diseño de nuevos envases.

Mucha de la irrupción de la impresión 3D está siendo liderada por las universidades. La Universidad Católica de Valparaíso, por ejemplo, tiene el Valparaíso Makerspace, una iniciativa con la que apoya a diversas startups que están trabajando con tecnología 3D. Uno de esos proyectos es Plan 3D, que imprime biomodelos para la medicina. Su fundador, Cristián Navarro, cuenta que han trabajado con médicos en el diseño de los biomodelos y guías quirúrgicas, elementos esenciales para llevar a cabo cirugías de alta complejidad, pues permiten planificar las intervenciones. “Estas piezas son diseñadas a partir de la anatomía real del paciente. Los médicos nos envían la información y nosotros las elaboramos, de manera que cada una es única”, explica. Iniciativas similares son las que está desarrollando el equipo de Take a Hand o el chileno Jorge Zúñiga, quien ha creado prótesis para personas con discapacidad usando impresión 3D.

Fuente: Economía y Negocios